Política y Sociedad
Política y Sociedad
La búsqueda de la felicidad
por Noelia González Casiano
Cribs, My Sweet Sixteen, The Hills, The fabulous life of… son programas que veneran el materialismo, el egoísmo, la indiferencia y el consumo exagerado. Nos sentamos frente al televisor a ver a cantantes y actores que nos enseñan sus cinco carros y hummers, casas de cuatro pisos, yates y armarios gigantes, riéndose en el éxtasis de todas sus excesivas posesiones.
Según estudios del Instituto World Watch con sede en Estados Unidos, consumimos nuestros recursos a un ritmo exagerado con graves consecuencias para la humanidad y el planeta. El estudio demuestra que casi 3,000 millones de personas sobreviven con menos de 2 dólares diarios mientras que más de 1,700 millones han adoptado un estilo de vida exclusivo para los ricos en décadas pasadas, incrementando las deudas personales.
El director del instituto, Christopher Flavin, denota que a pesar de que el aumento del consumo ha creado más empleos, también ha destruido los sistemas naturales de los que todos dependemos y hace que los pobres no puedan satisfacer sus necesidades básicas.
Las clases sociales se miden por las pertenecías y el dinero. Los pobres imitan a los ricos y los ricos a las celebridades. Los productos de marcas reconocidas, a pesar de que no puedan costearlos, son la preferencia de los consumidores ya que ayudan a ganar estatus social.
Al mercado le interesa que los deseos y necesidades del consumidor nunca estén completamente satisfechas. Es más conveniente para los mercantes vender algún objeto que se gaste y rompa rápido o que el producto sea parte de una moda que cambie constantemente. Así ítems prácticamente nuevos deben ser remplazados por el producto más reciente, como los celulares y los ipods por nombrar un ejemplo.
Aunque no es un fenómeno nuevo, el consumismo ha alcanzado un punto alarmante en el siglo 21, esparciéndose cada vez más por medio de la globalización. El neoliberalismo ha hecho que las naciones capitalistas sean mucho más ricas comparadas con países con sistemas económicos diferentes. Pero estas grandes naciones son las que más consumen y contribuyen al cambio climático tan evidente en nuestros días.
Thorstin Bunder Veblen, sicólogo y economista de principios del siglo XX y crítico del sistema capitalista, argumenta que a principios de la humanidad los más fuertes se dedicaban a la guerra y a la caza y eran de un estatus social más elevado. Los agricultores, aunque aportaran más a la economía, eran de bajo estatus social. Al igual, hoy en día ganan menos dinero los que se dedican a trabajos manuales como la manufactura y la agricultura pese a ser parte sumamente importante de la economía.
Quizas por esto, la prioridad de los estudiantes para ir a la universidad en los Estados Unidos ha cambiado desde los años noventa, según un estudio por Madeline Levine, “Challenging the Culture of Affluence”. La prioridad cambió de querer ayudar al prójimo o ser una figura de autoridad en algún campo a querer ganar dinero. Poco a poco la humanidad se aleja de los valores de comunidad, amor, espiritualidad y la búsqueda de un significado y razón de ser y se ha envuelto en una nube de materialismo, competencia excesiva y desconexión.
Recientemente el presidente de Ecuador, Rafael Correas, denunció la “globalización inhumana y cruel”, que “ no buscó crear una sociedad planetaria sino un mercado planetario; no buscó crear ciudadanos del mundo, sino consumidores”.
Carlos Marx pensaba que el sistema económico de clases llegaría a su nivel de destrucción. Argumentaba que la economía capitalista llevaba al fetichismo y a devaluar el verdadero valor de los buenos servicios enfocándose en vez en su valor en el mercado.
Hoy, somos testigos del principio del decaimiento del sistema capitalista, con la recesión económica que sufren los Estados Unidos, Japón, Europa entre otras naciones. ¿Estamos preparados para hacer cambios o estamos tan adictos a nuestro estilo de vida excesivo que no podemos dejar el hábito? ¿Podrías cortar con el vicio del querer material, buscar otras cosas que te auto gratifiquen que no envuelvan un día en el centro comercial? ¿Te es concebible hacer compras en la plaza del mercado en vez de ir a los supermercados? ¿Podrías acortar tus horas frente al televisor o la computadora, descontaminarte un poco de la publicidad que ya es parte tan “natural” de nuestra vida?
Que tal si se incluye en el currículo de las escuelas, como ya existe en algunas, una clase de educación al consumidor para enseñar y preparar al individuo con las habilidades, conceptos y entendimiento que se requieren para alcanzar la utilización máxima y más satisfactoria de los recursos. No necesitamos tanta ropa, carros, prendas y posesiones. La búsqueda de la felicidad por estos medios resultará siempre desafortunada.
Es posible mejorar los índices de obesidad, deuda personal, escasez de tiempo y degradación ambiental. Las alternativas son muchas y la mayoría las conocemos ya. Son estos mismos canales como MTV, glorificadores del consumismo, los que nos traen programas que nos dicen que cosas debemos hacer, como apagar la luz de los cuartos al salir, o usar la bicicleta para transportarnos, apagar la pluma al cepillarnos los dientes…mensajes que ya los planetarios y el Capitán Planeta nos llevaban diciendo desde hace tiempo.
Si volvemos a estilos de vida más simples y reducimos nuestras necesidades de consumo tendríamos una vida más saludable y menos estresante. La calidad de vida no depende de comprar y consumir recursos, lo material jamás satisface y la felicidad no se puede alcanzar de esta manera.
Un pensar sabio dice que hacer dinero y acumular riquezas no debería nunca minimizar la pureza del alma, la vida de la mente, la cohesión de la familia o el bien de la sociedad. Disfruta de la vida sin necesidad de comprar el nuevo Iphone que P Diddy nos trata de vender en nuestra televisión HD. Móntate en una guagua y ve a la playa, lee un libro, apaga el celular, mira las olas. Se puede romper con el ciclo y vivir por la cultura, las artes, la espiritualidad, el conocimiento y el amor.