El Consultorio
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Los matices de la noche
por Rubiam Martínez Báez
Con el paso del tiempo, la sociedad experimenta una serie de cambios que afectan todos los sectores. Desde los ricos hasta los pobres, todos los pueblos evolucionan. Estos cambios también influencian la vida cotidiana del ser humano. Las prioridades cambian y las personas comienzan a vivir a toda prisa, olvidando la importancia de tomar un descanso y reflexionar. Parece ser que el mejor momento para hacerlo es bajo la tranquilidad de la noche.
Dependiendo del lugar, la oscuridad de la noche puede ser el ambiente perfecto para conocerse a uno mismo y a su entorno. Para ello, es importante aprender a utilizar todos los sentidos para poder percibir mejor el escenario.
Tranquila, serena, acompañada de las melodías que tocan los animales nocturnos. Así es una noche en el campo. Perfecta para meditar. Y aunque hoy día es difícil encontrar un lugar ajeno al bullicio que llega con los adelantos tecnológicos y el desarrollo de los pueblos, se puede encontrar un rato de silencio. El cantar de los coquíes y el sonido de los grillos se confunden entre el susurro del viento que avisa su llegada. La pasiva atmósfera se ve interrumpida por el ruido de uno que otro carro que nos hace recordar que en el campo no se está del todo alejado al movimiento urbano que día tras día se acerca más a lo poco que queda de la naturaleza.
Durante el día, resulta un tanto difícil despejar la mente; las preocupaciones acaparan nuestra atención. El pensamiento gira en torno a las responsabilidades que conllevan los estudios, el trabajo, la familia. Tanta presión nos hace olvidar que también debemos ocuparnos de nuestro ser. Para buscar estabilidad emocional es importante encontrar un instante de paz. Reflexionar sobre nuestra vida, sobre la fe, sobre la familia. Establecer prioridades que vayan más allá de los beneficios sociales y económicos. El panorama nocturno puede ser el punto donde nos encontremos con nosotros mismos, con las verdaderas emociones.
La noche en el campo es más efectiva para este encuentro, pues la ciudad tiene demasiadas distracciones. La vida nocturna en la ciudad atrae los deseos de aquellos que buscan escapar de la rutina diaria y sólo quieren pasar un buen rato, en ocasiones lleno de excesos. El movimiento y la adrenalina que se vive en la ciudad insita a la persona a mantenerse activa. Y no tiene nada de malo divertirse de vez en cuando. Durante la noche es cuando más tiempo libre se tiene para compartir entre amigos, conocer gente nueva, disfrutar de las artes, de los espectáculos… es el escenario justo para entrar en ambiente, y para muchos, es la mejor manera de desconectarse de la realidad.
La noche en la ciudad siempre está llena de luces, de sonidos, de movimiento. Parecería que la actividad nocturna no se detiene. Los autos iluminan las calles y los edificios parecen decorar el paisaje. Las personas tratan de enfocarse en seguir su camino, sin mirar al que está al lado, pues la falta de confianza en el prójimo es evidente en nuestros tiempos.
La velocidad del paso de la noche en ocasiones sorprende. Mientras la noche en la ciudad es luminosa, el campo está acompañado por la penumbra. Con el transcurso de las horas, más se acerca la oscuridad, como si se tratara de una típica escena de película. El misterio se apodera del escenario, siendo perfecta la noche para relajarse.
En el campo la noche es fresca. Se puede percibir el paso del viento al escuchar el roce de las palmeras. Las ramas de los árboles de yagrumo, los flamboyanes y los prendedores bailan al ritmo del vaivén del viento. Se respira un aire fresco, como si el campo estuviera lejos de la contaminación ambiental que arropa a la atmósfera. En los lugares más húmedos, la neblina hace su aparición, trayendo frío al ambiente. Aunque el ruido contaminante que impera en la ciudad se va acercando cada día más a los campos, aún se pueden encontrar espacios serenos.
Como seres humanos, es importante cuidar de nuestras emociones. Nuestro estado de ánimo puede influir mucho en la toma de decisiones en nuestras vidas. Es por ello que debemos encontrar la manera de dedicarnos tiempo a nosotros mismos. Tener aunque sea un minuto para analizar quiénes somos, de dónde venimos y a dónde queremos llegar. Es en la noche donde podemos separar ese momento. Para algunos puede resultar el espacio romántico predilecto, para otros, es el momento de escape hacia la intimidad o simplemente para descansar. El silencio de la noche nos ofrece los matices perfectos para evaluarnos como personas. Depende de cada uno aprovechar la oportunidad indicada.
fotos Rubiam Martínez Báez