Cultura Contemporánea
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De percusión, bomba y extraterrestres
Era viernes y, confieso, llegué veinte minutos tarde. Dos días antes había salido de allí embrujada por el tun cutun pá de la bomba y el vaivén hipnotizante de una bailarina de flamenco que se movía al ritmo del cajón y los caracoles (sí, dije caracoles) y pensé que nada podría sorprenderme más. Desconocía que en una misma noche iba a ver cinco extraterrestres, un príncipe de España, un torero y un sacerdote tocando instrumentos de percusión.
Hablo del 14to Festival de Percusión del Conservatorio de Música de Puerto Rico, que se celebró del 27 al 29 de agosto en Hato Rey. Músicos invitados de distintas partes del mundo ofrecieron talleres gratuitos; y en las noches se presentaron conciertos a $10 (tan sólo $3.25 más de lo que cuesta ir al cine en Plaza). A pesar de que participaron artistas muy afamados, tanto de Puerto Rico como de otros países, quienes más estimularon mi cerebro fueron el Conjunto de Percusión del Conservatorio, el grupo Convergencia y el grupo español PerKu-Va.
Lo singular de sus presentaciones fue que, además de hacer una propuesta musical cautivadora al oído, apostaron a entrarle al público por otra parte: los ojos. De esa forma, convirtieron su música en experiencias estimulantes, capaces de despertar sentimientos variadísimos en la audiencia: confusión, nostalgia, risa, exaltación, ternura...
MIÉRCOLES: LA MUJER DÁLMATA
Los cinco jóvenes que componen el Conjunto de Percusión del Conservatorio abrieron el concierto del miércoles. Presentaron piezas que incorporaban sólo instrumentos de percusión y se bandearon tanto en lo clásico como en lo popular. A través del uso del espacio escénico y la iluminación crearon un ambiente diferente para cada obra y organizaron los instrumentos de forma tal que cada pieza se tocó en una parte diferente del escenario. Para Suite Bomba se ubicaron justo en el medio y sólo quedaron alumbrados los músicos. En la oscuridad de la sala parecían estar flotando, como apariciones caribeñas. Era difícil controlar las ganas de moverse al ritmo de los barriles.
El grupo experimental Convergencia, compuesto por cuatro jóvenes puertorriqueños, fue el siguiente en presentarse. Su nombre no podría ser más apropiado. Un diálogo entre el jazz y el flamenco, donde la improvisación, tanto en la danza como en la música, juega un papel esencial. Los músicos y la bailarina, vestida con un ajuar estampado como un perro dálmata, jugaron con los ritmos y las dinámicas de formas nuevas e impredecibles que, en ocasiones, confundían el oído (en el buen sentido de la palabra). Los ojos también experimentaron cosas nuevas, como ver a la bailarina dándose duro en el pecho a la vez que taconeaba rápidamente, luego de haberse cambiado el vestido de dálmata por pantalón y chaleco negros.
por Mariela Ramos Oquendo
VIERNES: EXTRATERRESTRES, ABANICOS Y EL PRÍNCIPE DE ESPAÑA
Llegué, un poco aturdida por mi tardanza, a la sala que estaba bastante llena. En el escenario, un hombre con “azento” sumamente español del grupo PerKu-Va explicaba lo que sería la próxima pieza. Estuvo “maja”, bien chévere, pero no me voló la cabeza. Terminaron la pieza. Acto seguido, se apagaron todas las luces y comenzó a escucharse una música rara: efectos electrónicos, distorsión…no lo entendía. Minutos después, la música fue desvaneciéndose y se iluminó el escenario para revelar una marimba (algo así como un xilófono, pero mucho más grande y con las teclas de madera) que estaba moviéndose “sola” hacia el centro del escenario. De repente, salieron cuatro tipos con máscaras de extraterrestres de la parte de abajo de la marimba, que estaba tapada con una tela negra.
Fue entonces que comenzó el verdadero espectáculo. Los cuatro tocaban en la misma marimba, a la vez que hacían una complicada coreografía que me recordaba las maquinitas en que había que darles con un martillo a los cocodrilos que se asomaban y escondían en un patrón indescifrable (¿se acuerdan?).
Cuando terminaron la pieza de los extraterrestres—así he decidido llamarla, ya que no escuché decir el nombre—los músicos se quitaron las máscaras verdes y cada uno agarró una silla. Los chorros de sudor eran visibles. Se fueron sentando a la vez que hablaban sobre el calor que tenían y de momento cada uno sacó un abanico. Ahí comenzó la parte que he decidido llamar “Stomp: abanico edition”. Creo que el nombre se explica por sí sólo. ¡Nunca imaginé los múltiples sonidos que se le pueden sacar a un abanico! Guardaron los abanicos y uno de los hombres anunció que iban a interpretar la última pieza. Se trataba de una serie de paso dobles llamada Marim-Doble en la que parodiaban personajes de la cultura y folclor español. “Por lo menos ahora nos dieron una idea de lo que van a hacer”, pensé. Cada uno de ellos se disfrazó: uno con sombrero y bigote, otro con una corona y una cinta de reina de belleza con los colores de España, uno de maja con mantilla y abanico, otro de sacerdote con sombrero rojo, y el último de torero. (Imagino que una versión boricua hubiese incluido al menos un jíbaro, una doña en rolos y una Iris Chacón...) Cual capote de toreador, los músicos movían la marimba para esquivar a la “maja” que quería besar al “príncipe”.
Esa cualidad de no tomarse muy en serio fue lo que distinguió la presentación de PerKu-Va. Sin exceso de romanticismo ni ostentación, demostraron sus habilidades musicales a la vez que entretuvieron a un público de todas las edades. Al final, la maja logró agarrar al príncipe…y lo besó.
fotos: Noelia González Casiano