por Mariela Ramos Oquendo

VIERNES: EXTRATERRESTRES, ABANICOS Y EL PRÍNCIPE DE ESPAÑA

Llegué, un poco aturdida por mi tardanza, a la sala que estaba bastante llena. En el escenario, un hombre con “azento” sumamente español del grupo PerKu-Va explicaba lo que sería la próxima pieza. Estuvo “maja”, bien chévere, pero no me voló la cabeza. Terminaron la pieza. Acto seguido, se apagaron todas las luces y comenzó a escucharse una música rara: efectos electrónicos, distorsión…no lo entendía. Minutos después, la música fue desvaneciéndose y se iluminó el escenario para revelar una marimba (algo así como un xilófono, pero mucho más grande y con las teclas de madera) que estaba moviéndose “sola” hacia el centro del escenario. De repente, salieron cuatro tipos con máscaras de extraterrestres de la parte de abajo de la marimba, que estaba tapada con una tela negra.


Fue entonces que comenzó el verdadero espectáculo. Los cuatro tocaban en la misma marimba, a la vez que hacían una complicada coreografía que me recordaba las maquinitas en que había que darles con un martillo a los cocodrilos que se asomaban y escondían en un patrón indescifrable (¿se acuerdan?).


Cuando terminaron la pieza de los extraterrestres—así he decidido llamarla, ya que no escuché decir el nombre—los músicos se quitaron las máscaras verdes y cada uno agarró una silla. Los chorros de sudor eran visibles. Se fueron sentando a la vez que hablaban sobre el calor que tenían y de momento cada uno sacó un abanico. Ahí comenzó la parte que he decidido llamar “Stomp: abanico edition”. Creo que el nombre se explica por sí sólo. ¡Nunca imaginé los múltiples sonidos que se le pueden sacar a un abanico! Guardaron los abanicos y uno de los hombres anunció que iban a interpretar la última pieza. Se trataba de una serie de paso dobles llamada Marim-Doble en la que parodiaban personajes de la cultura y folclor español. “Por lo menos ahora nos dieron una idea de lo que van a hacer”, pensé. Cada uno de ellos se disfrazó: uno con sombrero y bigote, otro con una corona y una cinta de reina de belleza con los colores de España, uno de maja con mantilla y abanico, otro de sacerdote con sombrero rojo, y el último de torero. (Imagino que una versión boricua hubiese incluido al menos un jíbaro, una doña en rolos y una Iris Chacón...) Cual capote de toreador, los músicos movían la marimba para esquivar a la “maja” que quería besar al “príncipe”.


Esa cualidad de no tomarse muy en serio fue lo que distinguió la presentación de PerKu-Va. Sin exceso de romanticismo ni ostentación, demostraron sus habilidades musicales a la vez que entretuvieron a un público de todas las edades. Al final, la maja logró agarrar al príncipe…y lo besó.

fotos: Noelia González Casiano