Cultura Contemporánea
Cultura Contemporánea
Desde la arena caliente de la playa Aviones la vista a lo lejos parece una pintura en movimiento. Los bodyboarders se deslizan pintando con sus boogies las olas. Levantan su cuerpo firmemente con las manos apoyadas hacia el lado que se quieren dirigir y cuando están terminando de trazar la ola hacen giros o vueltas en el aire.
Entrar a esa playa, como entrar a otras secretas, es entrar a otro mundo. Un mundo donde las reglas cambian. Afuera, hasta la amistad puede ser una cosa, pero allí es otra totalmente distinta. “Entrar a nuestras playas es como entrar a un caserío. Aquí se pueden romper las caras, pero lo que aquí pasa, aquí se resuelve y aquí se queda”, comentó Billy Rosa, quien lleva más de una década en el deporte del surfing.
El bodyboarder explicó que en el agua se trabaja por seniority. Están los que ripean, es decir, “los que parten las olas, los duros, los que sacan la cara por el deporte”. Ellos tienen seniority a la hora de coger las olas, lo que significa que no puede venir cualquiera a “cortarlo” y no dejarlo pasar, porque se busca un problema en el agua. Según Billy, ese seniority se gana “con los años de experiencia, jangueando con los grandes o demostrando que tienes los pantalones, osea, que cuando las olas están de 10 o 12 pies y nadie se atreve meterse, ahí estas tú”.
Cuando se habla de surfing o surfers, se tiende a pensar en los muchachos con tablas parados sobre las olas, fumando sustancias y escuchando reggae o rock. Sin embargo, esa subcultura va mucho más allá. Se dividen en dos: los tableros y los bodyboarders. Los que ripean tienen que cuidar su cuerpo, ya que es un deporte que requiere de una condición física excelente. En primer lugar, necesitan oxigenación para no ahogarse si los pilla la marea, por lo que no pueden estar fumando. Además, necesitan tener y desarrollar mucha energía, fuerza y flexibilidad. “Estamos compitiendo contra la naturaleza. En Puerto Rico los tiburones no hacen ná’, pero puedes llegar a correr olas de hasta 15 pies. Eso es lo mismo que correr en una montaña, pero con el riesgo de que te caiga encima y te rompa los huesos”, explicó Rosa.
Cuando el agua te revuelca por la orilla, la arena se siente como cemento. Si estas aprendiendo te pelas las piernas y los brazos. El boogie se convierte en tu mejor amigo, en tu salvador, es lo que te mantiene a flote cuando la fuerza del mar te lleva. Por eso es importante el uso de chapaletas para poder competir contra la marea.
Asimismo, hay dos tipos de bodyboarders: el que corre bien la ola y el que la corre con estilo. En el estilo se refiere a que la corren con gracia, calma, suavecito y hacen los trucos con las piernas cruzadas.
Entre las mejores playas para surfear en Puerto Rico se encuentran: Chatarra y Aviones en Isla Verde, Hollows y Margara en Arecibo, Gas Chamber y Manglito en Aguadilla, Inche y La Escuelita en Patillas y La Selva en Fajardo. Mientras que internacionalmente las mejores están en Indonesia, señaló el surfer, quien admira dentro del deporte al puertorriqueño Carlos Rico (su maestro) y a los australianos Ben Player y Ryan Hardy, por su estilo y “perfección”.
El surfing es un deporte en el que se pone en peligro la vida de quienes lo practican. Requiere de una resistencia extrema. Una persona normal no va a resistir que más de 4 o 5 olas de 4 pies le “partan” encima, mientras que ellos pasan horas en el agua con olas mayores de 6 pies rompiéndoles la espalda continuamente. “Me molesta que nos digan que lo de nosotros (el surfing) no es un deporte. La gente lo ve como un hobbie, cuando aquí ponemos nuestra vida en riesgo todo el tiempo. Ninguno de nosotros puede vivir de hacer esto, porque pa’ colmo no pagan, y menos a los bodyboarders. Los que estamos aquí metidos, contrario a otros deportistas que hay por ahí, es verdaderamente por amor al deporte, más nada”, sentenció.
Olas Xtremas
por Jessica Ríos Viner