BOTO 2008
BOTO 2008
Todo comenzó en calma. Los Colegios con sus materiales en orden, con uno que otro retraso en varios centros de votación, pero en calma. Como cuando llega el ojo del huracán. Ya a las 7 de la mañana se estaban formando largas filas alrededor de la Isla de personas con tarjeta en mano listas para ejerce su derecho. Se anticipaba una gran participación electoral como habían predicho los medios de comunicación y reinaba la expectativa.
Durante el día se escuchaban los informes de la gran participación de electores en los colegios a través de la radio y televisión. Parecía que Puerto Rico entero se había movilizado a las urnas.
Por otra parte, el entusiasmo que movía a los funcionarios era evidente durante el transcurso de la votación. Visitar cada Unidad electoral era una aventura entre penepés, populares y alguno que otro coquí y pipiolo. A medida que se iba acercando la hora del cierre de Colegios, las filas iban mermando pero no así el afán de contar y tener las actas listas para poder proclamar pronto un vencedor.
Finalmente, para sorpresa de muchos, la Comisión Estatal de Elecciones notificó que el evento contó con la participación más baja en la historia política. Según datos oficiales, la participación alcanzó el 78 porciento, lo cual está casi 6 puntos por debajo del promedio histórico de participación, que es de 83 porciento. ¡¿Cómo?!
Después de una campaña histórica incitando a todos los electores que salieran a votar, al final no hubo la participación que se esperaba y la cantidad de personas inscritas no igualó a los votos finales. Se quedaron calla’os. Después que la Comisión había informado con bombos y platillos una inscripción histórica de más de 2 millones de personas activas para votar, les hicieron quedar mal.
¿Donde se quedó esa gente? Porque lo más que se veía en las calles eran “pickups” llenas de gente con palmas saliéndose por las ventanas y pavas en las capotas. ¿Dónde se quedó el otro 22 por ciento que no votó? ¿En las playas? ¿Se encerraron en las casas y pusieron las tormenteras por si acaso?
¿Qué pasó? ¿No fue interesante lo que plantearon los candidatos? ¿Dónde estaban los pipiolos radicales, el tsunami de coquíes, el equipo del cambio o lo que iban pa’ lante sin miedo? ¿Acaso fue un mandato del pueblo finalmente no ir a votar?
Ya caída la noche, unos lloraban, otros bailaban y algunos bebían con lo se abastecieron antes de la Ley Seca. Incluso, al otro día salieron noticias de algunos que hasta intentaron suicidarse. Al final nos arropó el huracán azul. Quizás las tormenteras eran una buena idea después de todo. Igual, nadie se va a quedar calla’o, votaran o no, siempre se van a quejar.
¿Qué pasó con los callaos?
mini - análisis de la abstención electoral
por Jonathan Lebrón Ayala y Viviana Torres Mestey
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Fotos por Samuel Vélez