La contienda electoral este año en Puerto Rico tiene sus peculiaridades: tener un cuarto partido, un contrincante de la palma en el Write-In, un personaje llamado “Ninguno” y el que uno de los candidatos tenga 24 acusaciones federales.
Más aún, las campañas electorales se han hecho cada vez más específicas para atender las peculiaridades de cada público por separado para asegurar todos los votos posibles. Y la nueva presa de los partidos han sido los votantes primerizos.
El ejemplo más reciente fue el debate de “Vota o Quédate Calla’o”, que según su campaña y cobertura en todos los medios de comunicación, era el debate de los jóvenes, representados por Daddy Yankee. Sin embargo, entre los susodichos jóvenes hubo sentimientos encontrados.
Por ejemplo, en una carta a El Nuevo Día, Karina Manzo, estudiante de la UPR, asegura que Daddy Yankee no la representa. “¿Cómo nos puede representar un hombre que se ha hecho millonario a cuenta de cantar chabacanerías, y además de eso, rendirle culto al dinero, al sexo y al machismo?”, lee la carta publicada el 12 de octubre de 2008. “Daddy Yakee puede representar a los jóvenes, pero no me representa a mí”.
Entonces, ¿a quién representa? ¿A quién iba dirigido ese debate?
Al preguntarle a mi papá, que es profesor universitario y ocupó cargos gubernamentales, qué le había parecido el debate, me dijo que no pudo aguantarlo y apagó el televisor. “Estaban haciendo preguntas que eran de interés a muy poca gente, ¿cuántos niños superdotados puede haber en Puerto Rico? Es importante, sí, pero no mide nada en cuánto a los candidatos y sus plataformas. Eso no fue un debate. Los jóvenes quedaron mal”, me dijo.
Traté de explicarle que las preguntas allí expuestas no eran necesariamente de todos los jóvenes y que el debate no estaba dirigido a su generación. Me contesté mi propia pregunta.
Ese debate era para los que bajo circunstancias normales no verían ningún otro debate tradicional, para los jóvenes que querían ver a Yankee y de paso escucharon a los candidatos o los “cuatro cangris”, como les llamó Primera Hora.
El espectáculo político que se dio allí, en el Centro de Convenciones, nos contesta que todo este ensamblaje estaba dirigido para los que rodean la subcultura reggetonera, a la cual pertenecen muchos jóvenes boricuas pero no necesariamente nos representa como generación.
Porque el debate de la Universidad de Puerto Rico fue ensamblado por jóvenes y el público eran los estudiantes. Sin embargo el contenido, el lenguaje, el ambiente y el alcance fueron totalmente diferentes.
Entonces, con todo el respeto y sin querer sonar clasista, ¿será esta subcultura dentro de nuestra generación la responsable de decidir quién gana estas elecciones? ¿Por qué darle tanta atención, incluso un prepararles un debate aparte?
El científico político, Jorge Benítez, dice que “el inmovilismo y la ineficiencia administrativa que ha caracterizado al Estado en Puerto Rico en su consideración de la pobreza, define también la relación entre partidos políticos y la mayoría de los votantes. Dicho condicionamiento ocurre en la medida en que los partidos se ven obligados a incentivar el apoyo de una masa de ciudadanos pobres sin poder (o sin querer) procurar, a su vez, remedio a la condición existencial de éstos”.
Precisamente, Yankee cerró el debate haciendo un llamado a los cuatro candidatos: “Estamos perdiendo una generación (por la criminalidad), la violencia, las drogas, esto es una crisis. Mi reto es que se comprometan a crear un grupo para atender esta situación. Vamos a devolverle la esperanza a nuestros residenciales públicos y a los barrios".
¿No es este el mismo planteamiento de Benítez? Los cuatro partidos buscan los votos de estos sectores que señala Daddy, pero a la hora de la verdad no les pueden asegurar ayudas concretas.
“La incapacidad para generar respuestas eficaces a la sociología de la pobreza puertorriqueña ha sido señalada como el distintivo fundamental de una administración pública que se limita y se conforma con alternar medidas burocráticas para satisfacer las demandas particulares…”, dice Benítez.
Y eso fue lo que demostraron los candidatos en el debate de “Vota o Quédate Calla’o”. ¿Qué tenían que decirle a los grupos en los barrios y caseríos que estaban viendo a “Daddy Yankee Yo’ ”? Que les van a poner cámaras de seguridad en sus casas para vigilarlos, que van a medicar la droga, que van a rehabilitar a los confinados, que van a poner un maestro de educación física en cada escuela y que ya se han hecho muchas cosas y se van a seguir haciendo.
Por eso es que luego votan por caras bonitas y no por propuestas, porque nadie se las explica en arroz y habichuelas. Porque dos o tres palabras de domingos y “vamos a hacer esto pero no te digo como”, no les explica nada a los que no entienden la burocracia política.
Tal vez el traer a Daddy Yankee fue una buena estrategia para llevar esos votos nuevos a sentarse frente al televisor. Pero una vez allí, no les dijeron nada, no les explicaron. Les estuvo más entretenido ver a los candidatos en mahones y “turtle neck” que lo que estaban proponiendo para resolver este revulú.
¿Será verdad, entonces, que como dice Benítez, “los partidos políticos en Puerto Rico, tal y cómo están constituidos, quedan impedidos para formular políticas públicas que alivien la condición de pobreza”? Y no nos limitemos a los pobres, reggetoneros y jóvenes, ¿Quién le está poniendo el ojo a los ancianos, los impedidos, los universitarios y otros sectores influyentes? Ellos también votan.
¿En quién está puesto el ojo?
BOTO 2008
por Viviana Torres Mestey
fotos: Aurora Muriente Pastrana